Principal / Estrellas de esgrima / Alexandra Zabelina
Alexandra Zabelina

Alexandra Zabelina es la primera campeona del mundo soviética con tres medallas de oro olímpicas, veinte veces campeona de la URSS. Miniatura, delicada, reservada y sensata en la vida, apasionada y impredecible sobre la pista – es así que los hinchas se recuerdan de ella en Roma, Méjico, Munich.


Encontró a Alexandra Zabelina incluso sobre la pista. Después devinimos colegas, trabajamos como entrenadores en la escuela especializada de maestría deportiva superior “Dinamo”. Entrenó las chicas e yo los chicos. Después entrenó mi hija Ksenia e yo su hijo. Es sorprendente pero Zabelina nunca se hincho de que sea la florista más única del siglo XX. Nunca se cansó de aprender y de adquirir experiencia. Hasta ahora ella llega a la sala y se pone el peto. 

Ella empezó su carrera en los lejos años 50... Muchos años antes ella llegó por casualidad en la sala de esgrima del Dinamo. En su infancia fue atraída por la gimnasia e ya tenía los primeros éxitos pero un traumatismo rompió sus prácticas... Entonces, el chico vecino le llamó en la sección de esgrima y la llevó a ver su entrenador – master emérito de deporte R.I. Chernishevoi al estadio “Dinamo”. Ya en el tercer curso Raisa Ivanova dijo: “Mi pequeña, tu serás campeona del mundo”. Pienso que dijo eso especialmente para poner una meta al sueño. Más tarde la enviaron practicar en el grupo de I.I. Manaenko. Ella se entrenó con Ivan Ilich junto con sus amigos y camaradas de equipo G. Gorojova, V. Rastvorova, Ya. Rilsk., L. Romanov – futuras estrellas de la esgrima nacional. Y llegó 1957 – el Campeonato del mundo en París. Esgrimieron entonces según un sistema circular y los que llegaron a la final realizaron en total hasta 40 duelos en un día. Las competiciones de los floristas se acabaron a la mitad de la noche cuando en la sala casi no quedaba espectadores. Triunfa la esgrimidora soviética conocida de todos Alexandra Zabelina. ¡Eso fue una sensación! El día siguiente los periodistas y los hinchas encontraron Zabelina en la sala. 

1960, Roma. Alexandra participa por primera vez en los Juegos Olímpicos. Es costumbre considerar que la Olimpíada es una fiesta. Millones de personas durantes los días de los juegos están encadenados a los televisores, aguantando la respiración, siguen los eventos. Miles de personas se preparan a las salidas importantes del cuadrienio – no solamente los deportistas y los entrenadores – los modistas y los artistas, los cantantes y los compositores, los arquitectos y los constructores. Para los deportistas, la vida durante la Olimpíada deviene peculiar como si ella empezaba y se acababa aquí y que hay que vivirla con dignidad. Zabelina tuvo tres Olimpíadas: en 1960 en Roma, en 1968 en Méjico y en 1972 en Munich y solamente falto a la Olimpíada de Tokio en 1964 porque esperaba el nacimiento de su hijo. Fue tres veces campeona olímpica en las competiciones por equipo. La victoria en un torneo individual es por supuesto honorífica, considerable pero en un combate por equipo la persona a menudo es capaz de “saltar por encima de su cabeza”. Porque aquí tu no eres solo y respondes no solamente de ti pero también de las otras personas cercas. Un torneo por equipo excluye todos los “pero”. Aquí hay que ser listo para dar todas sus fuerzas. 

“Si comparo todas mis Olimpíadas, la última fue la más difícil, - recuerda A. Zabelina misma. – Antes de Munich tenía una misión superior – vencer en el Campeonato de la URSS. Solo una medalla de oro abría el camino para la Olimpíada. Cinco jóvenes deportistas tomaron la ofensiva y tuve que demostrar que era la más fuerte. En esta Olimpíada todo fue bonito al principio y un final trágico. Las competiciones fueron exactamente organizadas, muy bien alumbradas, pareció que nada podía suceder. Los esgrimidores entraron en combate entre los últimos. Pero todo fue modificado por los terroristas palestinos cogiendo el equipo israelí como rehenes. Durante la operación antiterrorista, la mayoría de los rehenes murieron. El campo Olímpico pasó al régimen de guerra. Los deportistas fueron trasladados en una residencia masculina. Cerca había tanques y en las calles del “campo” patrullaba militares. Los juegos fueron al límite del fracaso. Hemos esperado. Pero las competiciones se retrasaban de un día al otro. Y falta decir que nuestros nervios fueron al límite. Por eso la victoria en la Olimpíada de Munich tiene un valor especial”.

Extracto del libro de Tatiana Kolchanova “La esgrima en personas”.

Version de la impresion